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REFUGIADOS. DATOS BÁSICOS
Testimonios

REFUGIADAS DE MYNAMAR: ENTRETEJIENDO LA AUTOSUFICIENCIA Y LA ESPERANZA



Kil Cer, tejiendo las mantas que le han proporcionado autosuficiencia económica y esperanza. ACNUR/J.Musau

Para Faruk, Bangladesh, 14 de septiembre, ACNUR.- Kil Cer, una tímida y menuda refugiada Chin procedente de Myanmar, se encuentra cada mañana para tejer mantas junto con otras cinco mujeres en el centro Comunitario de esta remota y verde aldea, en las colinas de Chittagong.

Pero no sólo tejen las mantas de colores tradicionales que sus madres y abuelas siempre han hecho. De una manera tranquila han entretejido a pequeña escala una revolución económica en su comunidad de 700 miembos, liberando a sus familias de deudas contraídas y de la dependencia de la ayuda humanitaria .

"Ahora soy feliz", dice Kil Cer. "Antes, era una lucha difícil." Debido en gran parte de las habilidades de tejer de Kil Cer, su comunidad ha pagado todas sus deudas. Son capaces de cuidar de sus familias sin el apoyo del ACNUR y han invertido dinero en otras empresas, como las plantaciones de banano, que también emplean a trabajadores de la comunidad local de acogida de Bangladesh, conocida como Bawm.

"Hablamos casi el mismo idioma que ellos y han sido muy buenos para nosotros", Kil Cer, madre de dos hijos, dice acerca de sus anfitriones.

Detrás de este éxito se halla un nuevo enfoque de ACNUR para desarrollar la autosuficiencia económica, como parte del planteamiento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, para los refugiados que viven fuera de los campamentos.

Aprendiendo de experiencias anteriores que fallaron, como la adjudicación de becas a refugiadas/os que no tenían los conocimientos técnicos adecuados o la formación comercial necesaria para utilizar el dinero de forma adecuada, ACNUR comenzó a confiar en la experiencia de las empresas locales para desarrollar las habilidades de los refugiados de Myanmar que viven fuera de los campamentos.

Hace ocho meses, Kil CER y otras refugiadas integradas en la aldea de Para Faruk estaban fuertemente endeudadas después de que muchos de sus proyectos -- pequeños molinos de arroz, tiendas de alimentación y la agricultura -- hubieran fracasado. Durante muchos años, dependían de ACNUR para pagar el alquiler y de una ayuda para comprar los productos básicos. Incluso cuando Kil Cer trató de mantenerse a sí misma con el tejido, sólo fue capaz de ganar 2 dólares EE.UU. por manta -- apenas lo suficiente para cubrir sus gastos.

"Al igual que otras muchas niñas en Myanmar, mi madre me enseñó a tejer en Myanmar, cuando tenía 15 años," explica. En Bangladesh, comenzó a tejer mantas y enseñó la técnica a otras mujeres jóvenes, tanto refugiadas como bangladeshíes. El punto de inflexión se produjo cuando ACNUR le presentó a Samantha Morshed, directora ejecutiva de Hathay Bunano, una empresa que ya emplea a mujeres campesinas de Bangladesh y a personas desfavorecidas para hacer juguetes blandos para el mercado internacional bajo las reglas de comercio justo. Se brindó asesoría profesional gratuita a Kil CER y su equipo en la mejora de sus productos y su comercialización, para así lograr el mejor uso de un préstamo inicial de ACNUR de 250 dólares.

Hoy en día sus productos incluyen chales, bufandas, ponchos, mantas de bebé, mantas de picnic, colchas y bolsas comercializados bajo EXILE EXPRESSION, una marca que se está volviendo popular entre la élite urbana de la capital de Bangladesh, Dhaka. En un mes, han obtenido un beneficio de 800 dólares EE.UU., una cantidad considerable para los residentes de Farak Pura, y la demanda actual supera la oferta.

"Me emocioné cuando vi por primera vez de las mantas de “Expresión en el Exilio” y estoy feliz de darle al grupo un poco de orientación en términos de colores, tamaños, precios y materias primas”, dice Morshed. "No veo ninguna razón por la cual estas mantas no puedan ser exportadas en el futuro cercano".

Ahora que cubre sus necesidades diarias, Kil Cer ya está mirando a un futuro que difícilmente podría haber soñado hace un año. "Quiero invertir el dinero en la educación de mis hijos", dice ella. Su compañera de 19 años, Siang Khin Par, tiene grandes esperanzas también: "Hago esto porque me gustaría ser autosuficientes. Me gustaría aprender computación e Inglés."

El Representante del ACNUR en Bangladesh, Saber Azam, nos cuenta que el programa está generando beneficios no sólo para los refugiados sino también para la población local.

"Asegurar que los refugiados son capaces de cuidar de sí mismos y sus comunidades es a menudo una actividad más humanitaria que darles ayuda gratuita durante años", dice. "Kil Cer también ha demostrado cómo los refugiados de Mynamar pueden aportar a sus comunidades de acogida en Bangladesh, en lugar de ser una carga para ellos."

Por Jelvas Musau en Faruk Pará y Arjun Jain en Dhaka, Bangladesh

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