En menos de tres semanas, alrededor de 20.000 habitantes de la capital somalí, Mogadiscio, han huído a asentamientos como éste en Afgooye. ACNUR/ C. Weibel.
Nairobi, Kenia, 26 de mayo (ACNUR) – Todo lo que pretendía Nor Hassan Mohamed era comprar comida para su mujer y sus ocho hijos. Pero tan pronto como cruzó la calle desde su casa, y mientras se desencadenaba el último enfrentamiento armado en la capital somalí, Mogadiscio, fue alcanzado por un disparo en el estómago.
Los vecinos lo encontraron sangrando descontroladamente y lo llevaron de vuelta a su casa, en el distrito centro de Bondheere, ya que trasladarlo a un hospital entre los tiroteos y los bombardeos resultaba demasiado peligroso.
“El suelo era un charco de sangre”, recuerda su viuda, Fadumo. “Tuve que ver cómo mi marido moría delante de mí”.
El último brote de violencia comenzó el 7 de mayo, cuando grupos armados lanzaron una ofensiva contra las tropas gubernamentales. El gobierno afirma que más de 200 civiles han perdido la vida y que otros 700 han resultado heridos. A finales de mayo, la Agencia de la ONU para los refugiados estableció en 67.000 el número de personas que habían abandonado sus hogares, de acuerdo con la información recogida por los trabajadores locales de ACNUR en Somalia.
Fadumo y sus ocho hijos se cuentan entre ellos. Con una pequeña cantidad de dinero que sus vecinos recolectaron en un gesto de solidaridad, Fadumo pudo apañárselas para organizar un entierro decente para su esposo, antes de abandonar Mogadiscio.
Esta no es la primera vez que Fadumo se ha visto forzada a huir de su hogar. Paradójicamente, hubo un día en el que Mogadiscio fue su salvación. En 1994, Fadumo llegó a la capital de Somalia escapando de los enfrentamientos en su aldea nativa, Wanle Weyne, en la región del bajo Shabelle.
Una semana después de la muerte de su esposo, ella y sus hijos lograron alcanzar el Corredor de Afgooye, al suroeste de la capital, donde contó su historia al personal local de ACNUR.
Pero a diferencia de Fadumo, muchos otros no han podido afrontar un viaje de 30 kilómetros hasta Afgooye, sino que se han desplazado a otros distritos supuestamente más seguros en el suroeste de Mogadiscio como Dharkeynley y Deyninle. Las estadísticas de ACNUR revelan que hay unos 24.000 desplazados en el interior mismo de la capital.
La semana pasada, las lluvias torrenciales provocaron que los conductores de furgonetas doblaran sus tarifas para el trayecto hasta Afgooye, lo que ha supuesto que mucha gente haya tenido que quedarse atrás momentáneamente.
Los trabajadores de ACNUR informan de que muchos de los desplazados dentro de Mogadiscio han enfermado e incluso perdido la vida después de haber estado a la intemperie bajo las fuertes lluvias. Las instalaciones médicas de Mogadiscio están dramáticamente colapsadas y resultan absolutamente insuficientes para atender el elevado número de pacientes.
Sin embargo, una vez que las lluvias cesaron y los combates se reanudaron, el pasado viernes, en un solo día, unas 8.000 personas huyeron de Mogadiscio, de acuerdo con los cálculos de ACNUR.
Desde 2007, un millón de personas han huido de los enfrentamientos que han tenido lugar en la ciudad. En torno a los 400.000 han conseguido alcanzar los asentamientos relativamente seguros del corredor de Afgooye, mientras que más de 150.000 han buscado asilo en los países vecinos (Kenia, Etiopía y Yemen).
Somalia es uno de los países del mundo que más refugiados genera. ACNUR proporciona asistencia y protección a casi 500.000 refugiados somalíes en los países vecinos, además de coordinar el suministro de refugio y protección para 1.300.000 desplazados internos en Somalia.
Por Roberta Russo en Nairobi, Kenia.
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