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REFUGIADOS. DATOS BÁSICOS
Testimonios

"VÁMONOS, ANTES DE QUE LLEGUEN A NUESTRA CASA”



Habiba con su hijo Muse. © ACNUR/ A.Needham.

DADAAB, Kenia, 22 Junio (ACNUR) – Habiba Abdi Rahman Mude vivía en la Medina de Mogadiscio. Obligada a huir de su hogar por los combates en la capital el pasado mes de mayo, llegó hace unos días con su hijo, Muse, al asentamiento de refugiados de Dadaab en el noreste de Kenia, donde nos encontramos, y me relató su historia.

Para Habiba, Mogadiscio ha sido siempre un lugar peligroso donde vivir. Tenía siete años cuando su país gozó por última vez de un gobierno en funcionamiento. Desde entonces, la capital ha sido devastada por la violencia en repetidas ocasiones.

Pero los últimos combates llegaron demasiado cerca de su casa. El 13 de mayo, un proyectil de mortero aterrizó en la casa de sus vecinos, matando a toda la familia. Habiba, con un hijo discapacitado de ocho años, no lo dudó. Ella y Muse se unieron a otros vecinos que estaban subiéndose a varios vehículos y se encaminaron a la vecina Kenia.

No tuvo tiempo de avisar a su marido, Muhidin Aweys, de 35 años, que se encontraba en el mercado cercano en ese momento. Ni tenía encima dinero suficiente para pagar la tarifa del minibús. Pero un amigo encontró un conductor que aceptó llevarles gratis.

La huida de Habiba hacia un lugar seguro duró cinco días y cinco noches. Fueron primero desde la capital somalí hasta Afgooye, después pasaron Bravo, Kuyaburooy, Jilib, Marka y otros pequeños núcleos de población que Habiba no recuerda. El minibus avanzaba durante la noche, y los dos conductores hacían turnos al volante, parando sólo para que los pasajeros compraran comida en establecimientos al borde de la carretera. Durante esos cinco días y noches, Habiba acunaba a su hijo discapacitado mental, Muse, sobre su regazo.


Familias refugiadas somalíes ante sus tiendas en Dadaab, en el noreste de Kenia. © ACNUR/ E.Hockstein

Cuando llegó a Kenia, se embarcó en otro vehículo con dirección a Dadaab, uno de los campos de refugiados más grandes del mundo.

"Las cosas aquí son cien veces mejores que en Mogadiscio“ ,dice Habiba, descansando en el albergue de la Federación Internacional Luterana. Como refugiados recién llegados, ella y su hijo recibirán lonas plásticas, jabón, esterillas y bidones. Su hijo la mira desde una carretilla que ha conseguido para él.

"Aquí no hay guerra ni combates. Podemos descansar tranquilamente” dice Habiba. "En el último mes, las cosas han empeorado en Mogadiscio. La gente ha sido desplazada, se han esfumado, ya no sabes dónde está tu vecino. Cuando la lucha estalla y hay tiroteos y explosiones en todos lados, la gente corre en todas direcciones, mientras dice: “Vámonos, antes de que lleguen a nuestra casa”…

Antes incluso de que se intensificara la lucha entre las fuerzas gubernamentales y la milicia islámica Al Shabaab, el pasado mayo, "conseguir agua y alimento dependía de si tenías o no dinero. Algunas veces teníamos dinero, entonces teníamos “porridge” (papilla de cereales). A veces no teníamos dinero, entonces pasábamos hambre", explica Habiba. "Si tenías dinero podías ir al mercado, comprar algunos productos y cocinarlos inmediatamente”. El agua cuesta 1.000 shillings somalíes, unos 70 céntimos de dólar, para tres bidones de 20 litros.

Por ahora Habiba puede obtener agua y alimento. Como refugiada registrada, ha podido recibir raciones para 15 días para ella y su hijo Muse en el último día del actual ciclo de distribución de comida. El alojamiento es más problemático: Dadaab, que alberga a casi 300.000 personas, está absolutamente superpoblado,y ACNUR no dispone de permiso para ampliar el terreno disponible y entregar un mínimo espacio de terreno a los recién llegados. Por ahora, Habiba está compartiendo alojamiento con una pariente y su familia, quienes han vivido en Dadaab durante los últimos cuatro años.

Habiba tiene intención de visitar el centro de Handicap International (HI), una ong de ayuda a discapacitados. Espera que le proporcionen una silla de ruedas para su hijo. Nadie sabe muy bien lo que le ocurre. No puede hablar, andar ni mover sus manos. Pero está alerta y reacciona cuando oye al personal de registro llamar por sus nombres a los recién llegados, para ser registrados en la oficina de campo de ACNUR. El chaval mira atentamente cómo avanza la fila de de refugiados para recoger sus cartillas de racionamiento.

Antes en Mogadiscio, Habiba no tenía ni una carretilla. Llevaba a Muse continuamente sobre su espalda cuando salía, lo que le ha producido una herida en la espalda. "Espero que mi hijo pueda recibir tratamiento médico. Me gustaría verle andar por sí mismo algún día. Cualquiera que pueda ayudarme con esto, bienvenido sea”, dice esperanzada.

Habiba es menos optimista sobre el futuro de su país natal. Preguntada sobre sus expectativas de retorno, responde: "Maya (No)," enfáticamente y sin dudar, "las cosas no van a mejorar: Maya, maya."

Por Andy Needham, ACNUR
en Dadaab, Kenia

Departamento de Información pública de la Delegación en España de ACNUR-
María Jesús Vega // Rosa Otero
Tfno: 91 556 36 49 / 91 556 35 03

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