CHARSADDA, Pakistán, martes 2 de Junio (ACNUR) – Durante un mes, han permanecido albergados en los sótanos, sobreviviendo a base de espinacas y pan. Han visto cómo los proyectiles destruían sus casas y los de sus vecinos.
Pero según pasaban los días, incluso los más testarudos residentes del valle del Swat, en el noroeste de Pakistán, se han visto obligados a huir. Este fin de semana miles de personas aprovecharon el levantamiento del toque de queda en la región impuesto por el gobierno para huir hacia áreas más seguras en Mardan, Swabi y Charsadda, en la provincia Noroeste de Pakistán.
Una familia desplazada llega al campo de sugar Mill, en Charsadda © ACNUR(UNHCR)/H.Caux
“Oíamos los bombardeos y las explosiones cada día, podíamos ver los helicópteros” , explica Alí, un granjero de 35 años de un pueblo cercano a Mingora, en el valle del Swat. Alí llegó este lunes con su mujer y sus cinco hijos a uno de los campamentos levantados por ACNUR durante el fin de semana. Su casa fue completamente destruida hace una semana. “También perderemos nuestra cosecha, tal como siguen las cosas parece inevitable”, dice Alí.
La mayoría de los recién llegados mencionan la terrible escasez de comida y medicamentos disponibles en el valle de Swat. Bakhatali, de 40 años, también ha llegado a Sugar Mill esta semana. Él, su mujer y seis hijos se escondieron en el sótano de su casa en Mingora durante un mes hasta verse forzados finalmente a huir. "Teníamos miedo de los bombardeos todo este tiempo, los niños no podían dormir, tuvimos que ponerles trozos de algodón en los oídos”.
Mohammed, de 40 años y padre de dos niños pequeños que llegó a Sugar Mill esta semana explica que él y su familia tenían miedo de abandonar sus casas por los bombardeos. ''Pero en cuanto supimos que el gobierno había levantado el toque de queda, nos adentramos a través de las montañas hacia Batkhila", y de allí todos cogieron un autobús hasta Mardan.
Cientos de miles de personas han huido de los combates en el valle del Swat, y de los distritos del Bajo Dir y Buner durante el pasado mes. Para alojar a los recién llegados, ACNUR, junto a sus ONGs asociadas y las autoridades locales, ha levantado dos nuevos campamentos en los distritos de Charsadda y Peshawar.
El campo de Sugar Mill, en Charsadda, recibió este lunes a 400 familias, unas 2.400 personas, y otras 175 familias, 1.050 individuos, el martes 3 de junio. El campamento de Larama, situado en los suburbios de la ciudad de Peshawar, acogió a 98 personas el martes. En el nuevo campo situado en Charsadda, ACNUR ha entregado suministros de ayuda de emergencia como lonas aislantes, bidones para el agua y mantas para un total de 850 familias.

También estamos instalando electricidad en el nuevo campo, construyendo estructuras que proporcionen sombra sobre las tiendas familiares o en las zonas comunitarias y estamos proporcionando ladrillos a las familias para que se construyan hornos para cocinar.
Para los recién llegado como Alí, acostumbrados al clima mas fresco del Valle del Swat, las altas temperaturas son una de las dificultades que tiene que superar: “Tenemos niños pequeños, es demasiado duro para ellos”, dice del calor que sufren en los campamentos de desplazados. ”Queremos volver a casa”.
Por Hélène Caux en Charsadda, Pakistán
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